Prometeo según Freud

La interpretación psicoanalítica del mito de Prometeo es singular por su lectura sexual, y, al mismo tiempo, reveladora, pues sugiere una importante lección sobre la relación entre la cultura y el individuo. 

Cuenta el mito que Prometeo robó el fuego de los dioses escondiéndolo en el tallo de una cañaheja y se lo entregó a los hombres como regalo. Su delito no quedó impune, pues Zeus lo castiga atándolo a una roca y enviándole un cuervo que devoraba su hígado inmortal, renovado en la noche, durante el día. 

¿Qué hay en este mito sobre la conquista del fuego que sea tan relevante para Freud? Pues la respuesta, su hipótesis, es que Prometeo es un héroe cultural que representa una de las primeras restricciones libidinales a las que tuvo que someterse el hombre, a saber, la prohibición de apagar el fuego con la propia micción.

Por estrambótica que suene semejante idea, cabe recordar, no obstante, que en algunos pueblos, como los mongoles en tiempos de Gengis Kan, mear sobre las cenizas (aquellas que aún podían prender) estaba penado con la muerte. Este ejemplo no confirma su hipótesis, pero nos pone en guardia ante lo que podría parecer una disparatada explicación del mito. 

La relación erótica entre el miembro del hombre y las llamas del fuego queda concretada, dice el maestro vienés, por el tallo ardiente, que no es sino un símbolo fálico, cuyo significado oculto insinúa que Prometeo es portador del fuego pero también del agua: la orina. 

La relevancia psíquica de este suceso se percibe si pensamos en lo que representan los dioses. Por la mitología sabemos que los dioses no ponían freno a sus pasiones, llegando incluso a cometer incesto. Por tanto, en términos freudianos, los dioses simbolizan el ello, es decir, las pulsiones y los deseos. De su restricción, surge un impulso de agresividad, el rencor, dice Freud, que se paga con el castigo en el hígado. Y que sea este órgano y no otro es significativo, ya que en la antigüedad el hígado era la sede de los deseos como bien atestigua la famosa teoría de los cuatro humores.  Incluso en el lenguaje podría haber una relación no casual entre las palabras hepático y hedonista.

En definitiva, para el inventor del psicoanálisis, el mito de Prometeo pone de manifiesto que todo avance cultural genera un conflicto interior, un malestar que es intrínseco a la cultura, tan necesario como detestado, pues pareciera que todo avance cultural conlleva una negación de aquello que nos hace humanos: nuestros impulsos, nuestros deseos… 

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