«Pneumático» y «bienpiensa»

Lo terrible de un Estado totalitario, como supieron ver Orwell y Huxley, no es que te prohíba «hacer esto y lo otro», ni siquiera que te coaccione a «hacer esto y aquello», sino que te diga: «eres esto». El ciudadano ideal, el hueco por dentro, el que está vacío, ya sea por el terror (Orwell) o por las drogas y el acondicionamiento (Huxley), se ve incapaz de amar, sentir, pensar nada con sentido propio, porque en esas dos distopías ya no existe un sentir o pensar propios, sino solo el común o lo que es lo mismo: el sentir y el pensar de los que mandan. Y para definir al ortodoxo no carecen ambos libros de un lenguaje nuevo, pues aquel que no se desvía, aquel que está acomodado en el sistema, se le denomina, con satisfacción, «pneumático» en Un mundo feliz y «bienpiensa» en 1984. No obstante, de las dos palabras, la primera sugiere una ironía mordaz, ya que, carentes de toda humanidad, lo virtuoso para el ciudadano de la distopía de Huxley es, solamente, estar lleno de aire…

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