Habitamos en el lenguaje

Es preciso escuchar con atención la manera en que alguien habla para tomarle el pulso a su carácter. La suma de sus palabras -de sus afirmaciones, de sus negaciones, de sus preguntas y de sus contradicciones- desvelan el modo de ser de una persona. Pero también podríamos invertir la dirección, es decir, sumar las palabras con las que nos dirigimos a ella. En este caso la descripción, lejos de diferir, sería equivalente o al menos complementaria, puesto que no solo somos la palabra producida, sino también la recibida. Somos cómo hablamos y cómo nos hablan. He ahí el modo en que nos inscribimos en la vida.

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