La irrupción de la tecnología ha dejado en evidencia que la inteligencia no siempre requiere de conciencia. Aplicaciones como ChatGPT, que son aún precarias en cuanto a la profundidad de su respuestas, no tardarán mucho en poder explicar con total precisión las fórmulas más complejas de la física cuántica o las líneas más oscuras de Hegel.
Es indiscutible que esas máquinas serán realmente inteligentes, tal vez demasiado. No obstante, si a alguna de ellas le aconteciera la conciencia, ¿cómo lo sabríamos? ¿cómo se señala la conciencia en el mundo?
Se dirá que el ser humano es más que saber, que es también acción, consecuente con su saber. Pero si una máquina estuviera programada para conmoverse ante el sufrimiento ajeno, o para hacer de lo que le rodea un mundo mejor, ¿tendría aún sentido la pregunta por quién tiene o no conciencia de verdad?
Tal vez la una única pregunta coherente en ese mundo sería la que formula el policía escéptico de Blade Runner: «Pero ¿quién vive?».