La diferencia entre los libros o películas de entretenimiento y aquellos que no lo son es que los primeros buscan sostenernos para que no caigamos en el tedio, en ese aburrimiento esencial que es, a mi juicio, la base para una vida examinada; y, los segundos, que exigen lo contrario, es decir, la caída hacia la nada, allí donde, como dice José Mateos: «somos lo que somos». En unos rige el lenguaje comercial, el del público; en los otros, simplemente, el silencio.