Impulso de seguridad

Incluso en los latidos del corazón hay caos y todo corazón sano es más caótico que uno enfermo, pues su tendencia no será al caos sino al orden. Y aunque esto suene paradójico, así lo demuestran los estudios en medicina que, como otras tantas disciplinas -meteorología, matemáticas, psicología, física, sociología, etc.-, han sido estimulados por la teoría de Edward Lorenz.

No obstante, es curioso observar cómo en política los seres humanos hemos tenido, a lo largo de nuestra historia, un mayor impulso de seguridad que de albedrío. Así lo comprobamos, por ejemplo, en Atenas y Esparta, las dos ciudades-estado más llamativas de la Antigüedad en cuanto a modelos antagónicos de sociedad. La primera sobresalía en libertad, arte, comercio e ingenio; la segunda, en seguridad, guerra y mando. Y, a pesar de todo, ha sido Esparta, con su pulsión anticomercial y antiliberal, la que ha servido de paradigma a grandes imperios y sangrientos movimientos políticos.

El mismo Platón, filósofo ateniense, consciente de que la filosofía empezó en las costas de Jonia, un enclave comercial propicio para el intercambio de bienes e ideas y alejada del poder central de las grandes metrópolis, propuso en su República un modelo de ciudad-estado reflejo de un alma orientada a la búsqueda del saber, pero que, al mismo tiempo, no contemplaba la libertad, la probabilidad y la espontaneidad, sino la obediencia, la predicción y el orden.

Por fortuna, no solo la ciencia sino también la historia nos ha venido a demostrar que la vida necesita caos, adaptación continua. Con todo, tal vez lo más importante en la vida no sea ser sino estar…

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