Anaximandro aporta nueva lucidez a la pregunta por el todo. Ya no es investigar el principio último de la naturaleza como hiciera Tales, sino averiguar qué hace posible que haya lo que hay. Este preguntar desborda lo físico y permite pensar la totalidad de lo real sin recurrir a lo sensible, pues ápeiron significa lo indeterminado o ilimitado, como origen y destino de todas las cosas. La pregunta esencial de este filósofo no es pues: «¿qué es todo esto?», sino «¿qué ha de darse para que haya algo en absoluto?» Con el concepto de lo ápeiron la filosfía se sitúa en el nivel de abstracción para el cual estaba destinada.